La computación cuántica, durante mucho tiempo reservada a laboratorios y teorías complejas, está comenzando a salir del ámbito académico para posicionarse como una de las tecnologías más prometedoras del siglo XXI. A diferencia de las computadoras tradicionales, que procesan información en bits (0 o 1), las computadoras cuánticas utilizan qubits, que pueden representar múltiples estados al mismo tiempo gracias a fenómenos como la superposición y el entrelazamiento cuántico.
Esto les permite resolver ciertos problemas de forma exponencialmente más rápida que cualquier supercomputadora actual. Industrias como la farmacéutica, la financiera, la logística o la inteligencia artificial ya están invirtiendo en esta tecnología con la esperanza de optimizar procesos, descubrir nuevos medicamentos o mejorar la ciberseguridad.
Aunque aún estamos en las primeras etapas de desarrollo, gigantes tecnológicos como IBM, Google y Microsoft compiten por alcanzar la llamada «ventaja cuántica», el punto en que una computadora cuántica supera de forma clara a una clásica.
La computación cuántica no reemplazará a los ordenadores actuales de inmediato, pero su potencial podría reescribir las reglas de la informática y abrir un nuevo capítulo en la historia tecnológica.










