El mercado laboral argentino muestra signos de leve recuperación, pero con profundas desigualdades. Mientras algunos sectores logran crear puestos formales, millones de trabajadores siguen en la informalidad. El empleo precario y la subocupación afectan especialmente a jóvenes y mujeres. La brecha entre regiones también se ha ampliado.

Según cifras del INDEC, el desempleo bajó al 7,8% en el primer trimestre, pero con fuerte disparidad sectorial. El agro, la tecnología y los servicios profesionales lideran la generación de empleo. En contraste, la industria y la construcción aún no logran repuntar. La pérdida de calidad laboral es una de las principales preocupaciones.

Más del 45% de los trabajadores ocupados no tienen acceso a la seguridad social ni a derechos básicos. La informalidad se concentra en sectores como el comercio, el trabajo doméstico y el cuentapropismo. Además, la creciente automatización amenaza con dejar atrás a quienes carecen de formación digital. La capacitación laboral sigue siendo escasa.

El Gobierno impulsa programas de inserción laboral y subsidios a pymes para promover nuevas contrataciones. Sin embargo, economistas advierten que estas medidas son insuficientes si no se acompaña con estabilidad macroeconómica. La inflación y la carga impositiva dificultan la creación de empleo genuino. La incertidumbre desalienta inversiones a largo plazo.

Mientras tanto, los trabajadores apelan a múltiples estrategias para subsistir: changas, plataformas digitales y empleo freelance. El fenómeno del pluriempleo crece, pero también genera agotamiento y estrés. La Argentina del 2025 enfrenta un mercado de trabajo fragmentado, donde el empleo estable es un privilegio cada vez más escaso.

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