Entre el 16 y el 18 de mayo de 2025, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y gran parte del Área Metropolitana (AMBA) sufrieron un temporal sin precedentes que dejó al menos 4 muertos, un desaparecido y más de 4.100 evacuados. Las lluvias superaron los 400 milímetros en algunas zonas, el mayor registro en un mes de mayo en los últimos 40 años.

Las tormentas provocaron anegamientos severos, cortes de servicios básicos y caos en el tránsito. Barrios enteros quedaron bajo el agua, y en localidades como Zárate y San Antonio de Areco, los vecinos debieron autoevacuarse ante la falta de respuesta inmediata. El impacto económico es devastador: el Banco Mundial estima pérdidas anuales por inundaciones en Argentina entre 1.000 y 1.400 millones de dólares .

La situación también afectó al deporte: la Asociación del Fútbol Argentino suspendió numerosos partidos en distintas categorías, y eventos de rugby juvenil fueron postergados. El Servicio Meteorológico Nacional emitió alertas rojas por tormentas, granizo y ráfagas de viento, mientras que las autoridades declararon el estado de emergencia en varias zonas.

Este evento pone en evidencia la vulnerabilidad de la infraestructura urbana frente al cambio climático y la necesidad urgente de políticas de prevención y adaptación.

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