La ofensiva ucraniana contra bases aéreas rusas no solo desafía al Kremlin: expone una vulnerabilidad global frente a enjambres de drones baratos, según advierte Max Boot en The Washington Post. ¿Están preparados otros ejércitos para enfrentar este nuevo tipo de amenaza?
La reciente operación ucraniana bautizada como “Telaraña” logró infiltrar y atacar cinco bases aéreas rusas, dos de ellas ubicadas a miles de kilómetros del frente, en Siberia y el extremo norte del país. Según Max Boot, analista de seguridad internacional, este golpe no solo destruyó o inutilizó un tercio de los bombarderos rusos de largo alcance, incluidos modelos estratégicos como los Tu-95, sino que también dejó al descubierto una vulnerabilidad que debería preocupar a los altos mandos militares de todo el mundo.
“Si los ucranianos pudieron infiltrar drones tan cerca de bases aéreas importantes en un estado policial como Rusia, ¿qué impide que los chinos hagan lo mismo con bases aéreas estadounidenses? ¿O los paquistaníes con bases indias? ¿O los norcoreanos con bases surcoreanas?”, planteó Boot en The Washington Post.
El columnista comparó este ataque con Pearl Harbor, no porque marque el inicio de una guerra, sino porque desafía el equilibrio estratégico y señala el posible ocaso de las armas convencionales. Con drones baratos y modificados, los ucranianos lograron infligir daños millonarios, poniendo en entredicho la eficacia de los sistemas de defensa aérea tradicionales.
Además, Boot advierte que la proliferación de estas tácticas podría afectar la estabilidad nuclear, ya que los bombarderos atacados también son parte del arsenal estratégico ruso. Para Ucrania, esta ofensiva es una respuesta audaz a la escasez de municiones para sus sistemas de defensa aérea Patriot y una demostración del ingenio ucraniano frente a un adversario mejor equipado.
Más allá de lo militar, el golpe aumenta la presión estratégica en vísperas de nuevas negociaciones entre Ucrania y Rusia en Turquía. Para Boot, Ucrania ha dejado claro que “se niega a ser derrotada” y que seguirá encontrando formas de resistir, incluso cuando los recursos escasean. El tablero de la guerra ha cambiado, y el mundo entero debería tomar nota.











