Los principales mercados de exportación exigen trazabilidad total y controles estrictos. Si Argentina relaja sus estándares sanitarios, puede quedar fuera de circuitos comerciales clave como la Unión Europea o Estados Unidos.
La carne argentina llega a los mercados más exigentes del mundo: la Unión Europea, Estados Unidos, China y Chile. Para sostener esa presencia, el país debe cumplir estándares estrictos de sanidad animal, trazabilidad, y control de insumos aplicados durante todo el ciclo productivo.
Uno de los pilares centrales de ese cumplimiento es el uso de vacunas autorizadas y validadas bajo protocolos confiables. Cualquier fisura en ese sistema —como el ingreso de productos sin ensayos locales o sin trazabilidad robusta— pone en jaque la reputación construida durante décadas.
En estos mercados, no hay margen para el error: si se detecta un residuo indeseado, una formulación sin respaldo científico local o una brecha en los controles, el cierre de fronteras es automático. Y cuando se cae un mercado premium, no solo se pierden divisas: se pierde confianza, y recuperarla puede llevar años.











