La meditación ya no es solo cosa de monjes o buscadores espirituales. Hoy, miles de estudios científicos avalan sus beneficios, y su práctica se ha extendido a escuelas, hospitales, empresas y prisiones. Pero, ¿qué pasa exactamente en el cerebro cuando meditamos?

Al meditar, el cerebro reduce la actividad de la red por defecto, la zona que se activa cuando la mente divaga o se enfoca en pensamientos del pasado o el futuro. Por eso, al meditar, sentimos más presencia y menos ruido mental.

También se fortalecen áreas como el córtex prefrontal, asociado a la atención y el autocontrol, y se reduce la actividad en la amígdala, que regula el miedo y la ansiedad. Esto explica por qué la meditación puede generar calma y mejorar el manejo emocional.

Con práctica regular, incluso cambia la estructura del cerebro: estudios mostraron que meditadores frecuentes tienen mayor densidad de materia gris en zonas relacionadas con la memoria, la empatía y el aprendizaje.

Pero no todo es instantáneo. Al principio, puede parecer difícil o aburrido. La mente se distrae fácilmente, y cuesta encontrar silencio. Sin embargo, con pocos minutos diarios se empiezan a notar cambios reales.

Meditar no es dejar la mente en blanco. Es observar lo que hay, sin juicio. Y en ese simple acto, se abre una puerta a un bienestar profundo, silencioso y transformador.

Tendencias