El mundo avanza rápidamente hacia una transición energética, y las baterías de estado sólido podrían ser la pieza que faltaba para consolidarla. Estas baterías, a diferencia de las de iones de litio convencionales, utilizan electrolitos sólidos en lugar de líquidos.

Este cambio permite una mayor densidad energética, tiempos de carga más rápidos y, lo más importante, una mejora significativa en la seguridad, al reducir el riesgo de incendios. Empresas como Toyota, Samsung y QuantumScape están apostando fuerte por esta tecnología.

Uno de los principales desafíos ha sido encontrar materiales sólidos que sean eficientes conductores de iones y, al mismo tiempo, estables químicamente. Aunque aún estamos lejos de una producción masiva, los prototipos más recientes muestran resultados prometedores.

Se espera que los primeros vehículos eléctricos con baterías de estado sólido comiencen a comercializarse hacia finales de esta década, ofreciendo autonomías superiores a los 800 kilómetros y tiempos de carga de menos de 15 minutos.

Además del sector automotriz, estas baterías podrían revolucionar dispositivos móviles, drones y sistemas de almacenamiento de energía renovable. Esto las convierte en un elemento clave para combatir el cambio climático.

Si los avances continúan al ritmo actual, es probable que en menos de diez años las baterías líquidas pasen a la historia, y la energía portátil sea más eficiente, limpia y segura que nunca.

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