A sus 81 años, Valentín Fuster sigue siendo una de las voces más influyentes de la medicina mundial. El cardiólogo español, director general del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) en Madrid y referente internacional en salud cardiovascular, sostiene que la prevención es la verdadera revolución pendiente en el campo de la medicina. Su mensaje, claro y contundente, apunta a lo cotidiano: “Comer mejor, movernos más y atender las emociones puede cambiar radicalmente el futuro de nuestro corazón y también de nuestro cerebro”.

Fuster recuerda que las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en el mundo, pero insiste en que la mayoría de los factores de riesgo son modificables. “No podemos elegir nuestra genética, pero sí podemos decidir qué hacemos con ella. La clave está en los hábitos diarios, en las elecciones que tomamos desde jóvenes y que se consolidan a lo largo de la vida”, explica.

Para el especialista, la salud cardiovascular y la salud mental forman parte de un mismo entramado. “No podemos separar el corazón de la mente. El estrés, la ansiedad y la falta de bienestar emocional impactan directamente en nuestro sistema cardiovascular”, señala, al tiempo que subraya la importancia de políticas de prevención que integren actividad física, alimentación saludable y educación emocional desde la infancia.

El cardiólogo también advierte sobre los cambios de estilo de vida en las sociedades modernas: el sedentarismo, la alimentación ultraprocesada y la dependencia de la tecnología como fuente de entretenimiento. Frente a este escenario, propone pequeñas transformaciones sostenidas en el tiempo: caminar más, elegir frutas y verduras en lugar de productos industrializados, dedicar momentos al descanso y al cuidado de los vínculos.

Su visión no se limita a lo individual, sino que interpela a los sistemas de salud y a los gobiernos. “La prevención no puede recaer solo en la voluntad personal; necesitamos entornos que la favorezcan. Ciudades con espacios para moverse, escuelas que eduquen en hábitos saludables y políticas públicas que acompañen”, enfatiza.

Con un reconocimiento que trasciende fronteras, Fuster insiste en que la medicina del futuro será preventiva o no será. Y, pese a la magnitud del desafío, se muestra optimista: “Si entendemos que el cuidado del corazón y del cerebro depende de decisiones simples pero constantes, podemos cambiar el destino de millones de personas”.

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