En 2025, el transporte público argentino atraviesa un proceso de transformación que busca mejorar la conectividad, reducir la congestión urbana y avanzar hacia un sistema más sustentable. Según datos del Ministerio de Transporte, cada día más de 14 millones de personas utilizan colectivos, trenes, subtes y servicios de transporte interurbano en todo el país. Sin embargo, la infraestructura actual muestra signos de saturación, especialmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde se concentra el 40% de los viajes diarios. Este escenario exige inversiones sostenidas y una planificación integral a largo plazo.
El sistema de colectivos sigue siendo el principal medio de transporte urbano, pero enfrenta problemas vinculados a la antigüedad de las unidades y la falta de cobertura en zonas periféricas. En 2025, se renovó el 18% de la flota con unidades híbridas y eléctricas, en el marco de un programa nacional de movilidad sustentable. No obstante, la transición hacia energías limpias avanza lentamente por los altos costos y la necesidad de infraestructura de carga eléctrica. Según la Asociación Argentina de Transporte, se requerirían alrededor de 3.500 millones de dólares en la próxima década para electrificar completamente el sistema de colectivos urbanos.
Los trenes metropolitanos han tenido una mejora gradual en los últimos años. Durante el primer semestre de 2025, se incorporaron 42 nuevas formaciones en las líneas Roca, Sarmiento y San Martín, lo que permitió aumentar la frecuencia en horarios pico y reducir los tiempos de espera en un 12%, según Trenes Argentinos. Además, se avanza en la electrificación de tramos clave, como el ramal Pilar-Luján y la extensión de la línea Belgrano Sur. Sin embargo, aún persisten problemas de demoras y cancelaciones, principalmente por fallas en la señalización y en el mantenimiento de vías.
En Buenos Aires, el subte continúa siendo uno de los medios más eficientes, pero enfrenta dificultades relacionadas con la capacidad de transporte y la falta de expansión de la red. La línea F, proyectada desde hace más de una década, sigue sin avances concretos por falta de financiamiento. Según la Asociación de Usuarios de Subte y Premetro, la red actual cubre solo el 10% del territorio porteño, mientras que ciudades latinoamericanas como Santiago de Chile o Ciudad de México superan el 20%. Además, la tarifa se ha convertido en un tema sensible, ya que los aumentos aplicados en 2025 generaron una caída del 8% en la cantidad de pasajeros en los últimos meses.
El transporte público también está siendo impactado por la tecnología. Aplicaciones de movilidad y sistemas de pago digital han mejorado la experiencia de los usuarios, permitiendo planificar viajes y recargar tarjetas de manera remota. Durante 2025, se implementó un nuevo sistema de monitoreo en tiempo real para colectivos y trenes, con el objetivo de brindar información precisa sobre horarios y demoras. Sin embargo, la conectividad limitada en algunas zonas y la necesidad de integración entre plataformas siguen siendo desafíos para alcanzar un sistema completamente digitalizado y eficiente.
A nivel nacional, la inversión en transporte público se considera estratégica para el desarrollo económico y la reducción de la huella de carbono. Según un informe del Banco Mundial, Argentina debería destinar al menos el 1,5% de su PBI anual a infraestructura de transporte para cerrar la brecha existente. Esto incluye no solo la modernización de trenes y colectivos, sino también la construcción de corredores de movilidad sustentable y sistemas de transporte intermodal que integren distintos medios de transporte. De cara al futuro, el éxito de estas políticas dependerá de la capacidad de articular esfuerzos entre el Estado, el sector privado y los gobiernos locales.










