Plaza Huincul y Añelo son dos caras de una misma historia: el auge del petróleo y sus contradicciones. En las últimas dos décadas, la expansión de Vaca Muerta trajo inversión, empleo y crecimiento, pero también problemas sociales, ambientales y urbanos.

El boom económico disparó los precios de alquileres, alimentos y terrenos. Familias de ingresos medios y bajos quedaron desplazadas de los centros urbanos. Al mismo tiempo, la llegada de miles de trabajadores generó una presión inédita sobre servicios básicos: agua, transporte, salud y educación.

La paradoja es evidente: las ciudades que producen energía para todo el país tienen dificultades para sostener su propio desarrollo. En Plaza Huincul, el peso electoral refleja también esa tensión entre dependencia económica y reclamo ciudadano por equidad.

Los intendentes de la zona petrolera insisten en la necesidad de un fondo permanente de compensación para infraestructura y ambiente. Sin planificación regional, la expansión energética corre el riesgo de volverse insostenible.

Vivir en ciudades petroleras implica convivir con una promesa de progreso que nunca termina de cumplirse del todo. El desafío, hoy, es transformar el crecimiento económico en bienestar social real.

Tendencias