Los aviones antigranizo debieron suspender su actividad en plena tormenta por problemas logísticos básicos. La interrupción dejó a San Rafael sin cobertura y volvió a exponer la ineficiencia de un sistema que no logra responder cuando más se lo necesita.

Durante la tormenta que afectó a San Rafael, el sistema antigranizo volvió a mostrar graves falencias operativas. En el momento en que debía entrar en funcionamiento, los aviones destinados a mitigar el granizo debieron suspender su actividad por problemas logísticos básicos, dejando a la zona sin ningún tipo de cobertura frente al fenómeno climático.

La interrupción de los vuelos no se debió a condiciones extremas que impidieran operar, sino a fallas en la organización y en los recursos necesarios para sostener el servicio. La falta de previsión y de respuestas rápidas en plena emergencia expuso, una vez más, la fragilidad de un esquema que depende de variables elementales para poder cumplir su objetivo.

El episodio reaviva las críticas sobre la eficacia del sistema antigranizo, cuestionado desde hace años por sus limitados resultados y su alto costo. Que no haya podido operar cuando más se lo necesitaba refuerza las dudas sobre su utilidad real y vuelve a poner en discusión la necesidad de revisar el modelo, su funcionamiento y el destino de los recursos públicos involucrados.

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