La baja en los valores no logra reactivar el mercado: aumentó la morosidad en las compras en cuotas y las ventas en unidades continúan en descenso. Fabricantes y cadenas comerciales enfrentan un escenario de fuerte presión financiera.
La reducción de precios en electrodomésticos y las promociones impulsadas por supermercados y tiendas especializadas no alcanzan para reactivar el consumo. A pesar de que los valores de estos productos bajaron en promedio, cada vez más compradores tienen dificultades para afrontar los pagos en cuotas, lo que elevó la morosidad a niveles inéditos.
De acuerdo con datos sectoriales, la irregularidad en los financiamientos para adquirir televisores, heladeras o lavarropas se disparó en el último año: pasó de menos del 15% a superar el 40%. Este deterioro ocurre en un contexto en el que los salarios perdieron poder adquisitivo, lo que limita la capacidad de pago de los hogares.
Paradójicamente, los precios de los electrodomésticos mostraron una tendencia opuesta a la inflación general. Mientras el índice de precios al consumidor acumuló una suba significativa durante 2025, los productos del rubro registraron una caída promedio cercana al 7%. Algunos artículos incluso bajaron de manera notable: un lavarropas que el año pasado rondaba los $750.000 hoy puede encontrarse cerca de los $500.000.
Sin embargo, la baja no se tradujo en mayores ventas. En el último trimestre de 2025, las operaciones medidas en unidades se redujeron casi 19% respecto del mismo período del año anterior. La caída impactó en todos los segmentos: línea blanca, televisores y equipos de audio, informática y pequeños electrodomésticos.
Ante este escenario, los comercios acumulan altos niveles de stock y comenzaron a revisar sus estrategias comerciales. También creció la oferta de productos importados, principalmente provenientes de Asia, que compiten con la producción local en precios y disponibilidad.
La combinación de ventas débiles y aumento de la morosidad genera un fuerte estrés financiero en el sector. Fabricantes y cadenas de retail enfrentan un cuello de botella en su rentabilidad que amenaza con afectar la continuidad de algunas empresas, en medio de créditos con costos muy elevados que resultan difíciles de afrontar para la mayoría de los consumidores.











